martes, 4 de noviembre de 2014

Poker de filósofos

La situación es la siguiente; 

David Hume habla primero, lleva pareja de reyes, contiene la respiración, intenta calmarse y templar el pulso. Lleva toda la noche perdiendo pero si consigue pescar a alguien en esta mano puede recuperarse y meterse de nuevo en la partida. Decide que lo mejor es triplicar la ciega que en estos momentos esta en ochocientos, no es mucho dinero para los que más llevan y si pican un par de ellos puede conseguir un botín excelente.

- Veo la ciega y subo mil seiscientos más.

Aristóteles no lo ve claro, conoce muy bien la filosofía de Hume basada en el conocimiento a través de la experiencia sensible, que traducido significa que es un jugador muy seguro y que deja muy poco al azar, así que Aristóteles que lleva una mano jugona pero académicamente no ganadora, nueve y diez de rombos tira sus cartas no sin antes dejar su malestar en forma de comentario;

- Jodida rata escocesa.

Rene Descartes, absorto, organiza sus fichas apilándolas y clasificándolas en montones según su valor, haciendo siempre grupos de mil. Nadie le dice nada, todos piensan que esta meditando si poner o no poner la apuesta pero Nietzsche que lo conoce bien sabe que en realidad no se ha enterado de nada. Nietzsche;

- ¡Empanao!

Descartes levanta la mirada y escruta la mesa, todos lo miran. Hume se contiene, sabe que cualquier gesto de desesperación delataría que tiene una buena mano y tiraría por tierra su estrategia, así que finge pasar del tema y mira hacia otro lado. Esto a Aristóteles no le hace ni puta gracia, no quiere que esta mano se alargue más de lo debido, todavía esta resabiado por las cartas que ha tenido que tirar, nueve y diez de rombos. Aritóteles no puede parar de pensarlo; joder es que eran muy jugonas.
Descartes vuelve a mirar sus cartas, aunque recordaba perfectamente cuales eran, As de picas y ocho de tréboles. Siendo el segundo jugador que más puntos lleva y teniendo un As decide ver la apuesta de Hume.

- Lo veo.

Niestzche mira fijamente a Hume, sabe que no es un super hombre, éste le intenta aguantar la mirada pero no. Nietzsche sigue mirándolo un instante y tira sus cartas, Dama de corazones y siete de picas, esta no es mi guerra se dice a si mismo. Sabe que todo en esta vida se resume en querer tener y en querer mantener y él quiere seguir manteniéndose líder de la partida. Enciende su pipa y dice;

- Uno que no va.

Schopenhauer tira sus cartas y con su claridad habitual no se corta un pelo;

- No pienso ver tu pareja de Ases o Reyes. Jodido chupaciegas.

Finalmente llega el turno de Platón, lleva toda la partida perdiendo y esta en las últimas, los demás jugadores lo ven como el rival más débil y lo consideran el primer candidato para salir de la mesa. Platón lo sabe y por ello lleva una hora en modo roca, pagando únicamente la ciega. Suspira y se pone las manos en la cara, los demás lo miran fijamente, Hume no puede aguantar más la tensión y le dice;

- Decídete de una vez y no nos tengas aquí todo el puto día. Además seguro que haces lo de siempre, te quedas dos horas pensando para después tirar las cartas.

En ese momento, Platón se levanta enérgicamente y su silla sale disparada hacia atrás golpeando la pared, coge a Hume por la espalda y le coloca el antebrazo en su cuello levantándolo unos centímetros al mismo tiempo que de una patada le aparta su silla y la tira a un lado. Coloca su cara violentamente encima de las fichas de la mesa, le baja los pantalones y le introduce su pene griego en el ano y al mismo tiempo que empuja y grita;

- ¡ ALL IN !

En ese momento Hume emite un tremendo alarido y observa enfrente el rostro impasible de Nietszche que asiente con la cabeza. Es en ese instante, es en ese preciso momento cuando Hume lo entiende todo.  Quería tender una trampa pero la trampa se la habían tendido a él. No necesita ver las cartas de Platón por que sabe perfectamente lo que lleva, pareja de ases y ahora se da cuenta del teatro de Platón, de los suspiros, de las manos tapándose la cara, de la indecisión. Y no solo eso, sabía que con su teatro griego conseguiría que él hablara, conseguiría provocarle pero lo que no esperaba es semejante envite. Para Platón esto no es solo una partida de poker, no es solo la posibilidad de eliminar a un rival de la mesa y ganar un montón de fichas. No, para Platón es algo más, es una guerra ideológica, una batalla filosófica entre empirismo y racionalismo.
Platón lleva “El monstruo”, pareja de ases, lo ve claro, no duda, no vacila. Todo dentro.