Al final, en la vida, una cosa lleva a la otra. A veces sin darnos cuenta nos vemos inmersos en una espiral de mierda sin saber muy bien como hemos llegado hasta allí. No estamos lejos ni cerca de nada. Veo una vagabundo pidiendo en la puerta del supermercado y me veo a mi. Un ejecutivo perfectamente afeitado, con un corte de pelo simétrico, maletín y traje caro, podría ser yo. Un despido unido a un divorcio reciente, un amigo que te presenta a alguien que tiene una empresa y le caes bien. Un minuto antes, un minuto después, cien metros más cerca, cien metros más lejos, y tu vida puede cambiar radicalmente.
Pero extrañamente, a pesar de ser consciente de la fragilidad de nuestros destinos, no llego a comprender como acabé en twitter, siguiendo a una persona que utiliza la expresión "chachi pistachi".
lunes, 4 de mayo de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
Carta de despedida
Hace una semana que mi madre se ha sacado el carnet de conducir. Tengo que ir a Carrefour, es urgente. Demasiado cerca para coger un autobús, demasiado lejos para ir caminando. Llevo horas meditándolo, haciendo un repaso mental de mi existencia.
He tenido una buena vida, he hecho el amor con mujeres con las que muchos hombres soñarían. He vivido sin prisas, sentándome a contemplar el mundo cuando lo he creído conveniente. He reído, mucho. También he sufrido, y he abrazado ese dolor en lugar de rechazarlo porque él me ha hecho valorar los buenos momentos. He viajado a pie, sin más equipaje que el cabe en una mochila, sufriendo las inclemencias del tiempo, conociendo cada piedra y árbol del camino, hablando con sus gentes, esas que nunca conocerías de haber viajado en coche, avión o tren. Nunca me ha importado el que dirán, y eso me ha hecho ser dueño de mis decisiones. He conocido la auténtica amistad, esa a la que puedes llamar un martes a las cuatro de la madrugada si la situación lo requiere.
Así que voy a hacerlo, voy a ir con mi madre a Carrefour. Ella me dio la vida. Ella me la va a quitar. No tengo miedo, he tenido una buena vida. Me parece justo.
He tenido una buena vida, he hecho el amor con mujeres con las que muchos hombres soñarían. He vivido sin prisas, sentándome a contemplar el mundo cuando lo he creído conveniente. He reído, mucho. También he sufrido, y he abrazado ese dolor en lugar de rechazarlo porque él me ha hecho valorar los buenos momentos. He viajado a pie, sin más equipaje que el cabe en una mochila, sufriendo las inclemencias del tiempo, conociendo cada piedra y árbol del camino, hablando con sus gentes, esas que nunca conocerías de haber viajado en coche, avión o tren. Nunca me ha importado el que dirán, y eso me ha hecho ser dueño de mis decisiones. He conocido la auténtica amistad, esa a la que puedes llamar un martes a las cuatro de la madrugada si la situación lo requiere.
Así que voy a hacerlo, voy a ir con mi madre a Carrefour. Ella me dio la vida. Ella me la va a quitar. No tengo miedo, he tenido una buena vida. Me parece justo.
miércoles, 4 de febrero de 2015
El verdadero amor
Llegó a España huyendo del horror, las bombas y las mutilaciones. Un grupo de estudiantes de trabajo social pertenecientes a la universidad de Alicante había organizado un proyecto para poder acoger refugiados afganos que habían sufrido de primera mano la tragedia de la guerra. Hassan era uno de los afortunados. Estaba dispuesto a cambiar su vida por completo para adaptarse a su nuevo destino. Se había afeitado la barba y comprado ropa nueva en "Pull & Bear". Por fin podré ponerme la ropa que mi hijo de ocho años ha estado haciendo los últimos años, pensó Hassan cuando estaba en los probadores.
Pero el cambio no se limitaba solo a aspectos tan superficiales como la barba o la ropa, su metamorfosis tenía que ser total. Quería adaptarse y ser un Español más, así que se fue de tapas y cerveceo como uno más de la pandilla.
Hassan nunca había probado el alcohol ni el cerdo pero aquella noche los probo, vaya si los probo. Chorizos a la sidra, rabo de cerdo, montadito de longaniza y todo eso con cervezas, muchas cervezas.
Salieron del bar contentos, hasta tal punto que Hassan se arranco con unos chistes de Afganos que causaron sensación entre el grupo;
¿Por qué se cayó la niña afgana del columpio? pregunto Hassan. ¿Por que? respondieron. Por qué no tenía brazos. Todos quedaron petrificados unos segundos, hasta que el silencio se rompió y la calle se inundo de carcajadas.
Llegaron a un Pub y Jaime, un encantador chico de rastas, gafas de pasta y barba de dos semanas levanto su brazo y dijo; Ronda de chupitos.
Detrás de una ronda llegaba otra, Jack Daniels, tequila, bodzka rojo. Hassan apoyado en la barra aislado de la música, las risas y las conversaciones alcohólicas, con su cabeza dando vueltas como el mono loco de la feria.
Siente un roce al lado de su brazo, mira a su izquierda y ve una chica preciosa apoyada en la barra junto a él, por un instante se quedan mirándose, Hassan no puede aguantar su mirada y agacha la cabeza. La chica pide a la camarera. Hassan vuelve a mirar, la chica sonríe y le pregunta ¿Cómo te llamas? Hassan. Yo Marta. Los dos hablan un rato, Hasan le cuenta su situación y a Marta esto le parece muy exótico e interesante. Ella está estudiando para ser veterinaria, y le cuenta que es vegana y animalista. Hassan decide no contarle que se le da muy bien el deporte nacional, jugar al fútbol utilizando una cabra como balón.
Hassan cada vez se encuentra peor, pero aguanta estoicamente. Marta le pregunta sobre sus ojos azules, le parece extraño que un afgano tenga los ojos azules. Hassan le cuenta que hay muchos afganos con ojos azules porque hay sangre griega en sus venas, debido a que en los tiempos del gran Alejandro Magno dejaron allí soldados. En ese momento Marta se abalanza sobre Hassan y empieza a besarle, Hassan siente una arcada pero no quiere apartarse de ella, jamás le habían besado con lengua y le estaba gustando mucho. La segunda arcada fue más fuerte pero ya era tarde, no quería que esa sensación terminara nunca aunque su boca sabía a cigarrillo y tequila. La tercera arcada fue definitiva y vertió sobre su boca un gazpacho de cerdo y cerveza. Cuando quiso apartarse ya era tarde, sus "amigos" de trabajo social que estaban presenciando la escena desde el principio comenzaron a morirse de risa y el resto del pub también. Marta empezó a vomitar y Hassan avergonzado quiso marcharse con tan mala suerte que resbaló con el vómito y calló al suelo, las risas subieron de decibelios. Hassan recorría un pasillo de gente mientras los trabajadores sociales se descojonaban. ¿y esta es la gente que se supone debe de ayudar a los demás? pues menudos hijos de puta, pensó Hassan mientras caminaba hacia la salida.
Se sentó en el bordillo de la acera con la cabeza entre las piernas, lamentándose de la oportunidad perdida, avergonzado y maldiciendo su suerte. Esto es peor que el bombardeo de Kabul, pensó. Marta ya no volverá a querer saber nada de ti y con razón. Hassan pensaba en estas cosas mientras veía los pies de la gente caminando por el barrio de Alicante.
Hassan. la voz de Marta interrumpe sus divagaciones.
Él la mira avergonzado y ella se sienta a su lado y lo besa, más intensamente que antes si cabe.
Entonces lo entendió, en ese instante, un rayo de lucidez recorrió su cuerpo y lo entendió todo.
El verdadero amor era eso, vomitarle la boca a una chica mientras os estáis besando, y que a ella no le importe.
Pero el cambio no se limitaba solo a aspectos tan superficiales como la barba o la ropa, su metamorfosis tenía que ser total. Quería adaptarse y ser un Español más, así que se fue de tapas y cerveceo como uno más de la pandilla.
Hassan nunca había probado el alcohol ni el cerdo pero aquella noche los probo, vaya si los probo. Chorizos a la sidra, rabo de cerdo, montadito de longaniza y todo eso con cervezas, muchas cervezas.
Salieron del bar contentos, hasta tal punto que Hassan se arranco con unos chistes de Afganos que causaron sensación entre el grupo;
¿Por qué se cayó la niña afgana del columpio? pregunto Hassan. ¿Por que? respondieron. Por qué no tenía brazos. Todos quedaron petrificados unos segundos, hasta que el silencio se rompió y la calle se inundo de carcajadas.
Llegaron a un Pub y Jaime, un encantador chico de rastas, gafas de pasta y barba de dos semanas levanto su brazo y dijo; Ronda de chupitos.
Detrás de una ronda llegaba otra, Jack Daniels, tequila, bodzka rojo. Hassan apoyado en la barra aislado de la música, las risas y las conversaciones alcohólicas, con su cabeza dando vueltas como el mono loco de la feria.
Siente un roce al lado de su brazo, mira a su izquierda y ve una chica preciosa apoyada en la barra junto a él, por un instante se quedan mirándose, Hassan no puede aguantar su mirada y agacha la cabeza. La chica pide a la camarera. Hassan vuelve a mirar, la chica sonríe y le pregunta ¿Cómo te llamas? Hassan. Yo Marta. Los dos hablan un rato, Hasan le cuenta su situación y a Marta esto le parece muy exótico e interesante. Ella está estudiando para ser veterinaria, y le cuenta que es vegana y animalista. Hassan decide no contarle que se le da muy bien el deporte nacional, jugar al fútbol utilizando una cabra como balón.
Hassan cada vez se encuentra peor, pero aguanta estoicamente. Marta le pregunta sobre sus ojos azules, le parece extraño que un afgano tenga los ojos azules. Hassan le cuenta que hay muchos afganos con ojos azules porque hay sangre griega en sus venas, debido a que en los tiempos del gran Alejandro Magno dejaron allí soldados. En ese momento Marta se abalanza sobre Hassan y empieza a besarle, Hassan siente una arcada pero no quiere apartarse de ella, jamás le habían besado con lengua y le estaba gustando mucho. La segunda arcada fue más fuerte pero ya era tarde, no quería que esa sensación terminara nunca aunque su boca sabía a cigarrillo y tequila. La tercera arcada fue definitiva y vertió sobre su boca un gazpacho de cerdo y cerveza. Cuando quiso apartarse ya era tarde, sus "amigos" de trabajo social que estaban presenciando la escena desde el principio comenzaron a morirse de risa y el resto del pub también. Marta empezó a vomitar y Hassan avergonzado quiso marcharse con tan mala suerte que resbaló con el vómito y calló al suelo, las risas subieron de decibelios. Hassan recorría un pasillo de gente mientras los trabajadores sociales se descojonaban. ¿y esta es la gente que se supone debe de ayudar a los demás? pues menudos hijos de puta, pensó Hassan mientras caminaba hacia la salida.
Se sentó en el bordillo de la acera con la cabeza entre las piernas, lamentándose de la oportunidad perdida, avergonzado y maldiciendo su suerte. Esto es peor que el bombardeo de Kabul, pensó. Marta ya no volverá a querer saber nada de ti y con razón. Hassan pensaba en estas cosas mientras veía los pies de la gente caminando por el barrio de Alicante.
Hassan. la voz de Marta interrumpe sus divagaciones.
Él la mira avergonzado y ella se sienta a su lado y lo besa, más intensamente que antes si cabe.
Entonces lo entendió, en ese instante, un rayo de lucidez recorrió su cuerpo y lo entendió todo.
El verdadero amor era eso, vomitarle la boca a una chica mientras os estáis besando, y que a ella no le importe.
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